Sufrida victoria hasta el último suspiro la protagonizada este domingo por el Ayamonte CF en su feudo. Un partido que, a priori podría parecer asequible para el líder de la clasificación, se acababa convirtiendo en una visita al dentista.
Tocaba recibir al colista del grupo, el Atlético Algabeño, equipo dirigido por el mítico Diego Tristán, quien no pudo hacer acto de presencia en la zona técnica por sanción. Un combinado el albiazul que está atravesando una temporada durísima y que, salvo milagro, acabará descendiendo de categoría.
El partido para el conjunto de Alejandro Ceballos venía marcado por las bajas de futbolistas de la talla de Álvaro Álvarez, Bruno Fernandes e Iván Olivares, obligando al técnico sevillano a partir con un once poco habitual, concediendo la titularidad al guardameta Ángel Bermejo, pero que arrancó los primeros compases del encuentro desplegando un juego dominante y con claras ocasiones de cara a la portería contraria. Tanto es así, que el primero de los rojinegros llegaba ya en el minuto ocho, tras una gran jugada por la izquierda para finalización de Yuse. A partir de ahí, el ritmo de partido fue decayendo hasta dejar un partido roto, donde la superioridad de los rojinegros se desinflaba a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos.
La segunda mitad comenzaba con un Algabeño valiente dispuesto a plantarle cara al líder, impidiendo que los hombres de Ceballos se sintiesen cómodos sobre el terreno de juego. Sin embargo, no tardaría mucho en llegar el segundo gol del Ayamonte, obra de Andrés Bermúdez en el 49’, un Andrés que tuvo que saltar al campo durante la primera parte tras la lesión de Carlos Vizcaíno. Con el dos a cero, se produjo una relajación excesiva del equipo ayamontino, dando paso a una desconexión en la regularidad del ritmo de juego, los once de Tristán aprovecharon este cortocircuito para anotar diana dos minutos más tarde, gol de Manuel Molina. El tanto del conjunto visitante trajo consigo un giro de 360 grados para meter en serios problemas a un líder que se desmoronaba ocasión tras ocasión, hasta el punto de encajar dos goles, suerte que el juez de línea dictara sentencia con el fuera de juego.
El envite acababa con un Ayamonte amarrando el resultado que, a pesar del peligro generado por los rivales, tuvo claras ocasiones para hacer el tres a uno. Victoria sufrida con un juego apático, sí, pero el fútbol también consiste en eso y, como se suele decir: sin sufrimiento, no hay gloria.

















