Las moléculas verdes serán una pieza clave para reforzar la seguridad energética de Europa, mejorar la competitividad industrial y acelerar la descarbonización de los sectores más difíciles de electrificar. Así lo señala el informe ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, elaborado por Moeve en colaboración con PwC y presentado este jueves en Bruselas ante representantes institucionales, líderes empresariales y expertos del sector energético.
El estudio destaca el potencial estratégico de soluciones como el hidrógeno renovable y sus derivados —entre ellos el amoniaco y el metanol—, los biocombustibles de segunda generación y el biometano para avanzar hacia una mayor autonomía energética del continente. Según sus conclusiones, estas tecnologías podrían reducir hasta un 50% la dependencia energética exterior de la Unión Europea en 2040 y contribuir al cumplimiento de los objetivos climáticos establecidos en el Green Deal, Fit for 55 y REPowerEU.
El informe subraya que, en un escenario de emisiones netas cero, las moléculas verdes podrían sustituir entre el 30% y el 50% de la demanda actual de combustibles fósiles en 2050, llegando a representar aproximadamente un tercio del mix energético europeo.
El consejero delegado de Moeve, Maarten Wetselaar, ha asegurado que Europa debe apostar por estas soluciones para garantizar su autonomía energética en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y las incertidumbres en las cadenas de suministro. En su opinión, las moléculas verdes ofrecen una vía para construir una Europa más resiliente, competitiva e independiente desde el punto de vista energético, al tiempo que refuerzan el liderazgo europeo en la lucha contra el cambio climático.
La investigación también pone el foco en aquellos sectores donde la electrificación resulta más compleja, como la industria pesada, la química o el transporte de larga distancia. Actualmente, estas actividades representan entre el 20% y el 25% de la demanda de energía primaria en Europa. El uso de moléculas verdes para su descarbonización permitiría reducir hasta un 22% las emisiones de dióxido de carbono del continente en 2050.
Respecto a los costes, el informe reconoce la existencia actual de un sobreprecio asociado a los combustibles sostenibles, aunque prevé que esta diferencia se reduzca progresivamente gracias al encarecimiento de las emisiones de CO₂, el abaratamiento de las energías renovables y las mejoras en la eficiencia de producción. Como ejemplo, señala que el uso de combustibles renovables en el transporte marítimo de unas zapatillas valoradas en 100 euros apenas supondría un incremento de unos 50 céntimos en el precio final.
Los expertos prevén que los biocombustibles avanzados alcancen la paridad de costes con los combustibles fósiles durante la próxima década, mientras que los combustibles sintéticos basados en hidrógeno verde podrían lograrlo en la década de 2040.
Para aprovechar plenamente el potencial de estas tecnologías, el estudio reclama una acción coordinada entre administraciones públicas e industria. Entre las medidas prioritarias figuran el desarrollo de marcos regulatorios que impulsen la demanda, mecanismos de apoyo económico para reducir la brecha de costes inicial, inversiones en infraestructuras y el fortalecimiento de las alianzas público-privadas.
El informe concluye que la actual década será decisiva para sentar las bases de un despliegue masivo de las moléculas verdes a partir de 2030 y garantizar así la competitividad, la sostenibilidad y la seguridad energética de Europa a largo plazo.



















