Hay días que dividen una vida en dos. Para Ismael Lorenzo ese día llegó un domingo, de regreso a casa en tren. Viajaba junto a su novia en el Alvia cuando ocurrió el accidente de Adamuz, unos segundos que lo cambiaron todo. Desde entonces convive con el horror de unas imágenes que no consigue quitarse de la cabeza.
Ismael, vecino de Lepe, tiene 24 años y es una de las víctimas del siniestro. Todavía intenta ordenar lo ocurrido, reconstruyendo poco a poco los momentos que puede recordar. Reconoce que hay partes que se le escapan, marcadas por la gravedad de la situación que vivió. “No lo recuerdo todo perfectamente, la verdad. Voy reconstruyendo lo que pasó porque estaba perdiendo mucha sangre y hay cosas que no tengo claras”, explica.
El viaje había comenzado como una escapada a Madrid junto a su pareja, un plan que le hacía especial ilusión. “Fui a Madrid con mi novia y aprovechamos para ver al Real Madrid, porque soy muy del equipo e intento ir siempre que puedo, así que pasamos el fin de semana allí y decidimos coger ese billete para volver y aprovechar más el día”, cuenta.
En cuanto al trayecto, añade que “ya de camino a Madrid se notaba que el tren se movía bastante, pero no le dimos demasiada importancia porque es algo que suele pasar”, aunque esa sensación cambió por completo en la vuelta. “Empezó a moverse mucho más, me asusté, se apagaron las luces y no recuerdo nada más hasta que desperté”, relata sobre los instantes previos al accidente.
Ismael viajaba en el vagón dos del Alvia. Al recuperar la consciencia, estaba atrapado entre los restos, sin poder moverse, en una situación de la que logró salir con enorme dificultad. “Estaba entre hierros y no podía moverme. Vi un pequeño hueco, metí la cabeza y poco a poco conseguí salir”, explica, recordando cómo consiguió abandonar el tren antes que otros pasajeros de su entorno.
Aún desorientado, hizo una llamada que resultó clave para que su familia supiera lo ocurrido. “Lo primero que hice fue llamar a mi tía para que en Huelva supieran lo que había pasado. Activaron el protocolo por mí porque no sabían que había otro tren”, cuenta, consciente de la importancia de ese gesto en medio del caos. Tras avisar, regresó al interior sin dudarlo para buscar a su pareja, que también viajaba en el tren.
La visibilidad era prácticamente nula y la estructura había quedado desplazada varios metros, lo que dificultaba cualquier movimiento. “Había caído unos cuatro metros y no se veía nada. Le hablaba y ella me respondía, así pude orientarme y encontrarla”, relata, describiendo ese momento de angustia.
Ambos consiguieron salir y alejarse de las vías, donde permanecieron a la espera de ayuda en una situación límite. “Salimos como pudimos y nos apartamos. Allí nos quedamos esperando a que llegaran los equipos de emergencia”, explica. Durante ese tiempo su estado empeoraba por la pérdida de sangre y el frío, mientras otros pasajeros intentaban auxiliarse entre sí.
Fue entonces cuando recibió ayuda directa de otra pasajera. “Una mujer de Isla Cristina, que iba en otro vagón, me hizo un torniquete en la cabeza cuando bajó y me ayudó”, señala. También recuerda cómo intentaron estabilizarle en esos primeros momentos críticos. “Me cubrieron con mantas porque estaba perdiendo temperatura y podía entrar en hipotermia”.
La llegada de los sanitarios marcó un punto clave en la atención a los heridos. “Nos dijeron que quienes pudiéramos andar lo hiciéramos porque había que salvar vidas”, recuerda. Para Ismael, esa actuación fue determinante. “Los servicios de emergencia estaban perfectamente planificados y gracias a ellos estoy aquí».
Frente a las críticas que han surgido sobre una supuesta descoordinación del 061 y el 112, Ismael no comparte esa visión y defiende su labor. “Yo no siento que haya habido una descoordinación por parte de los servicios de emergencia. Te hablo desde mi punto de vista y el de mi pareja”, afirma. A su juicio, el problema estuvo en la falta de información inicial sobre el tren en el que viajaban. “Si Adif hubiera dado información sobre el tren Alvia todo hubiera sido más fácil. Es que ni los sanitarios ni los servicios de emergencia sabían que había otro tren, entonces era imposible que nos ayudaran”.
Tras el accidente fue trasladado al hospital Quirón de Córdoba, donde permaneció ingresado durante tres días en un entorno que recuerda con buena coordinación. “Había un gran despliegue de médicos y camas esperando nuestra llegada. Estaba todo muy bien organizado”, explica.
Las secuelas físicas han sido importantes tanto para él como para su pareja. “A mí me pusieron 40 puntos en la frente, tenía varias vértebras rotas, costillas rotas y aún estoy a la espera de pruebas. En la rodilla y en el codo todavía no se sabe lo que puedo llegar a tener”, detalla. En el caso de su novia, las lesiones son aún más graves. “Tenía rotura de pelvis, vértebras y costillas”, explica.
La recuperación ha sido lenta y marcada por las limitaciones físicas. Tras recibir el alta, Ismael ha pasado 40 días en casa, prácticamente sin poder moverse, y ahora inicia poco a poco la rehabilitación. “Yo ya estoy más independiente, me puedo duchar solo y poco a poco voy viendo la luz, pero lo de ella va más lento”, reconoce.
El impacto emocional sigue siendo una de las partes más difíciles de afrontar en el día a día y sigue muy presente en su vida. “No he conseguido volver a mi vida normal ni creo que esté cerca. Lo que vivimos allí fue muy duro y no se me va de la cabeza”, confiesa.
A todo esto se suman los problemas en el seguimiento médico tras el alta. “Estoy teniendo dificultades con el seguro de Adif. Me dieron el alta sin hacerme pruebas, a pesar de que sigo con dolor”, explica. Ante esta situación, ha tenido que insistir para poder continuar con su tratamiento. “He tenido que pelear para que me vea otro especialista y me manden las pruebas necesarias porque no puedo seguir así”, añade. Por ello, ha decidido acudir también a la sanidad pública. “Voy a ir por la Seguridad Social y que me miren allí, ahí sé que no voy a tener ningún problema”.
También denuncia la falta de apoyo institucional a nivel estatal. “Nosotros nos sentimos bastante abandonados por el Gobierno central”, afirma. En contraste, sí destaca el respaldo recibido más cerca. “El Ayuntamiento de Lepe y la Junta nos están ayudando en todo lo que queremos, están a nuestra disposición”, reconoce.
Con todo lo vivido aún muy presente, Ismael sigue intentando rehacer su vida mientras convive con el recuerdo de aquella noche. A pesar de todo, tiene claro qué espera ahora: “Yo solo quiero que caigan los que tienen que caer, que no son pocos creo yo, y que se haga justicia por las 46 personas que han fallecido y todas las familias que están luchando”.



















